Atardecer en Camarones con Flamencos Rosados

LA GUAJIRA, CADA VEZ MAS CERCA

Atardecer en Camarones con Flamencos Rosados

Para bien y para mal, los destinos exóticos en Colombia se acercan cada vez más a los viajeros, La Guajira está cada vez más cerca; Para la llamada Provincia de Padilla, La Guajira de Colombia, la conexión con el interior del país data de 1950 cuando se levantó la carretera entre Santa Marta y Riohacha. Antes de esta fecha, a la Guajira solo en bote y hasta el comercio local dependía de Aruba y Curazao; El aeropuerto de Riohacha que conectó definitivamente el departamento con el país, se inauguró en 1971. Estar aislados conservó por más tiempo las puertas del departamento cerradas al turismo, hoy la Guajira está cada vez más cerca.

Pero los viajeros en busca siempre de nuevas emociones y apoyados en los programas del país en su empeño por encontrar en el turismo respuestas a las economías locales, empezaron a llegar en los años 90 a Riohacha, cuando ya había pasado la bonanza Marimbera que tanta fama dio a los temibles Guajiros. Turistas en busca de parajes exóticos, algunos locos que oyeron hablar del viento, curiosos, desempacaron en el departamento y miraron hacia la Alta Guajira.

A ritmo acelerado los indios dejaron de ser nómadas para atender turistas, este es el caso del Cabo de La Vela, donde la población wayuu que solo venía a atender en las temporadas vacacionales a los visitantes se instaló en el pequeño poblado, y desarrolló negocios permanentes.

Hoy, los múltiples vuelos diarios que llegan a Riohacha, el crecimiento de la oferta hotelera, las mejores vías y el desarrollo de destinos que eran ignorados hace pocos años, hacen que los viajeros encuentren más opciones para pasar sus vacaciones en esta zona del país.

Ahora hasta se puede pensar en venir de Medellín o Bogotá a pasarse un fin de semana en la playa en Mayapo, a solo veinte minutos de Riohacha, a un costo favorable, disfrutando de lo que aún es un destino porco conocido.

Organizando las lineas del kite

La Guajira en los últimos treinta años ha cambiado a ritmo acelerado, pero, aunque el impacto negativo sea grande, la fuerza indómita de una naturaleza del desierto se encarga de mantener casi intacto el paisaje, eso para fortuna de la conservación del entorno; lo que no se puede cambiar es la ruptura social entre las comunidades que cambió con la irrupción del turismo, este proceso no tiene reverso y va cada vez más en detrimento de la cultura. Occidente aporta su visión capitalista y la impone.

Paula Sanmartin Riohacha 27 octubre 2022

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